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El ser humano, desde que nace se encuentra de manera natural con una actitud presente para aprender y para dejarse guiar, ya sea por sus padres o maestros y con el paso del tiempo se va sintiendo absolutamente seguro y va asimilando verdades absolutas las cuales defiende en muchos casos casi que con su propia vida, sin embargo, aún esta primera capacitación es muy normal sentirnos ante encrucijadas en las que nos es supremamente difícil saber a ciencia cierta cual es el camino procedente y hacia dónde debemos dirigir nuestros pasos o cuál es la decisión acertada.
En estas circunstancias, lo más probable es que acudamos a personas que se encuentran en las incertidumbres parecidas a la nuestra en el sentido de que solicitamos opiniones y pareceres de quienes han recorrido nuestros mismos empero o nuestro mismo laberinto; motivo por el cual, sus conclusiones serán similares a la nuestra o si por el contrario nos dirigimos a un psicólogo a un economista a un sociólogo a un médico a un sacerdote, a un maestro a un orientador, cada uno de ellos en la circunstancia que vivimos estará en condiciones de emitir un juicio o de establecer soportes tendientes a que podamos encontrar el sendero personal y hacer lo que vaya en sintonía con nosotros mismos. Así mismo, no se puede olvidar que cada persona emite los juicios derivados de sus propias apreciaciones, de sus propias experiencias, pero que ha aprendido, pero que ha leído razón por la cual sus juicios desde ese punto de vista son parciales y personales.
La Astrología en este orden de ideas emite pareceres y juicios sin fronteras e ilimitados no derivados de la emoción de comentarios de una u otra persona sino que simple y llanamente derivadas de las circunstancias estelares podrían encontrarse caminos mucho más procedentes ante la toma de decisiones y no solamente estar en circunstancias tendientes a saber lo que nosotros queremos de la vida sino también averiguar qué es lo que la vida, lo que la divinidad o que es lo que Dios en verdad quiere nosotros.
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