
Como una tradición antigua, conservada en las zonas agrícolas especialmente, se considera que existen dos tipos de impulsos con respecto a la gestación y por ende al nacimiento. El primero supone que si una gallina incuba sus huevos bajo la fase creciente, lo normal es que los pollitos cuando revientan su cascarón nazcan muy fuertes.
Pero si este proceso se produce bajo la fase menguante, lo más probable es que uno de ellos fallezca y que los demás no tengan la suficiente fortaleza para resistir las presiones del medio exterior. De la misma manera, esta hipótesis se plantea en los seres humanos, pues los niños que son gestados, bajo la fase creciente, son más fuertes y sus niveles de energía son mayores que aquellos que son concebidos bajo la fase menguante.
Sin embargo, los que son gestados en menguante, son receptivos, perceptivos y más espirituales que los que nacen en la fase creciente.
Se debe tener en cuenta:
El tipo de fase lunar y el signo que recorre la Luna en ese momento. Si la Luna transita por signos masculinos o positivos, (Aries, Géminis, Leo, Libra, Sagitario y Acuario) lo más probable es que nazca un varón, en caso contrario si recorre los signos femeninos o negativos (Tauro, Cáncer, Virgo, Escorpión, Capricornio y Piscis) posiblemente sea una niña.
Entre los múltiples investigadores que se han dedicado a valorar las correspondencias que la Luna tiene para con respecto al nacimiento de los niños, hay datos muy precisos, como por ejemplo, los niños que son concebidos cerca a la Luna llena, generalmente, tienen un alto riesgo a desarrollar deficiencias congénitas y por supuesto, que ese riesgo declina en la medida en la cual surgen otros tiempos de la Luna.