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En la época del novilunio, es decir, durante los dos días que preceden y siguen a la Luna nueva, ésta, como queda dicho, permanece casi invisible para nosotros debido a que el huso iluminado vuelto hacia la Tierra es sumamente pequeño, y además, su observación se hace muy difícil a causa de la poca distancia angular que lo separa del Sol.
Sin embargo, en dicha época, es decir, al comienzo del primer cuarto y al término del último, cuando nuestro satélite presenta el aspecto de una hoz de espesor muy pequeño, se puede observar durante la noche la parte oscura de su disco, iluminado por un débil resplandor, al cual se denomina luz cenicienta.
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