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Cada ser humano tiene un ángel, al que los cabalistas denominan Genio, el cual mediante los procesos de los números, puede ser calculado con base en la posición de su Sol de nacimiento.
Si el Cielo con su circunferencia, de 360 grados, se divide en cinco, que es el número que simboliza a la humanidad (esta cifra representa las dos piernas, los dos brazos y la cabeza que en su conjunto hablan del número cinco) el resultado es setenta y dos. Esta estrella toca cinco puntos de la circunferencia y la diferencia, entre cada punta, es de setenta y dos grados, dado que si dividimos 360° entre cinco el resultado es setenta y dos, que es el número de los ángeles o de los Genios que rigen la vida de cada cual.
Se señala que cada uno de esos Genios se corresponden con determinada cantidad de grados en el zodíaco y que por medio de la Astrología se determina el tiempo, donde nuevamente vuelven a regir. Lo importante para su cumpleaños es que ese ángel se encuentra alumbrado por el Sol. En otras palabras, es como si en el Cielo existiesen setenta y dos moradas y en cada una de ellas, habitara un Genio o ángel, que va siendo alumbrado paulatinamente por los rayos del Sol, en el curso del año y en momentos específicos.
El día de su nacimiento, el Sol alumbraba un Genio, el cual será alumbrado de nuevo, el día de su cumpleaños. De modo que ésta fecha constituye un suceso biológico, ya que su cuerpo tiene una nueva condición con respecto a la vida y es una nueva oportunidad para vivir. El arcano, del año, le clarifica los pormenores de este suceso cósmico, ya que una inteligencia superior es testigo de dicho acontecimiento.
Sin embargo, es importe saber que setenta y dos días después del natalicio, el Genio que rige su vida, vuelve a reinar nuevamente.
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