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Los versos Áureos
Unos versos que aunque son antiguos, nunca dejan de tener vigencia, ya que le recuerdan a cada cual el compromiso que se tiene al paso por este mundo.
Para los griegos, el propósito del conocimiento estaba orientado hacia todo lo que significara evolución, formación del carácter y trabajo de perfeccionamiento personal; entre las múltiples directrices que lograron erigir para el grueso de la población y particularmente para aquellos que se disponían a dar el primer paso en el trabajo firme y decidido, al igual que comprometido de lograr la maestría personal. Lo cierto es que los Versos Aureos fueron muy tenidos en cuenta en la antigua escuela pitagórica de Crotona en Grecia.
Según se dice y de lo que existen múltiples referencias como producto de la significación que le daban a la aurora, estos versos se recitaban colectivamente, al compás de la lira, tanto a la salida del sol, como al ponerse el astro rey. Igualmente constituyeron un tema fundamental de meditación de los pitagóricos, al término de cada larga jornada. Lo cierto es que amparados en estos versos lograron definir las normas y las actitudes morales que siempre se debían ejemplarizar.
Pese a que nuestra actual cultura ha orientado los procesos de educación y de formación, única y exclusivamente hacia la obtención de dinero y hacia el enriquecimiento tanto propio como ajeno, estos distan profundamente de abrir las puertas tendientes a la formación espiritual de los jóvenes y de los niños. Sin embargo, nunca es tarde para dar pasos en firme tendientes a establecer las bases de una humanidad diferente.
A continuación los Versos de Oro:
Honra, en primer lugar, y venera a los dioses inmortales, a cada uno de acuerdo a su rango. Respeta luego el juramento, y reverencia a los héroes ilustres, y también a los genios subterráneos. Cumplirás así lo que las leyes mandan. Honra luego a tus padres y a tus parientes de sangre. Y de los demás, hazte amigo del que descuella en virtud. Cede a las palabras gentiles y no te opongas a los actos provechosos. No guardes rencor al amigo por una falta leve.
Estas cosas hazlas en la medida de tus fuerzas, pues lo posible se encuentra junto a lo necesario y comprométete en cumplir estos preceptos, pero debes estar alerta para dominar ante todo las necesidades de tu estómago y de tu sueño, después los arranques de tus apetitos y de tu ir.
No cometas nunca una acción vergonzosa, ni con nadie, ni a solas y por encima de todo, respétate a ti mismo. Seguidamente ejercítate en practicar la justicia, en palabras y en obras, aprende a no comportarte sin razón jamás.
Y sabiendo que morir es la ley fatal para todos, que las riquezas, unas veces te plazca ganarlas y otras te plazca perderlas. De los sufrimientos que caben a los mortales por Divino designio, la parte que a ti corresponde, sopórtala sin indignación; pero es legítimo que le busques remedio en la medida de tus fuerzas; porque no son tantas las desgracias que caen sobre los hombres buenos.
Muchas son las voces, unas indignas, otras nobles, que vienen a herir el oído, que no te turben, ni tampoco te vuelvas para no oírlas. Cuando oigas una mentira, sopórtalo con calma. Pero lo que ahora voy a decirte es preciso que lo cumplas siempre: que nadie, por sus dichos o por sus actos, te conmueva para que hagas o digas nada que no sea lo mejor para ti.
Reflexiona antes de obrar para no cometer tonterías, ya que obrar y hablar sin discernimiento es de pobres gentes. Tú, en cambio siempre harás lo que no pueda dañarte. No entres en asuntos que ignoras, mas aprende lo que es necesario: tal es la norma de una vida agradable. Tampoco descuides tu salud, ten moderación en el comer o el beber, y procura ejercitar el cuerpo
Acostúmbrate a una vida sana sin molicie, y guárdate de lo que pueda atraer la envidia. No seas disipado en tus gastos como hacen los que ignoran lo que es honradez, pero no por ello dejes de ser generoso: nada hay mejor que la mesura en todas las cosas. Haz pues lo que no te dañe, y reflexiona antes de actuar.
No dejes que el dulce sueño se apodere de tus lánguidos ojos, sin antes haber repasado lo que has hecho en el día: "¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho? ¿Qué deber he dejado de cumplir?" Comienza desde el inicio y recórrelo todo, y repróchate los errores y alégrate de los aciertos.
Esto es lo que hay que hacer, estas cosas debes empeñarte en practicar, estas cosas hay que amar. Por ellas ingresarás en la Divina senda de la perfección. Por quien trasmitió a nuestro entendimiento la Tetratkis, la fuente de la perenne Naturaleza. ¡Adelante pues! ponte al trabajo, no sin antes rogar a los dioses que te conduzcan a la perfección.
Si observares estas cosas, conocerás el orden que reina entre los dioses inmortales y los hombres mortales, en qué se separan las cosas, y en qué se unen. Y sabrás, como es justo, que la Naturaleza es una, y la misma en todas partes, para que no esperes lo que no hay que esperar, ni nada quede oculto a tus ojos.
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