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Desde las más rudimentarias hasta las más elaboradas culturas concibieron al ser humano como un ser integral, ya que su cuerpo era visto como una unidad indisoluble ante la cual cada órgano o sistema estaba expuesto a hablar del resto del organismo, y se tenía la certeza que su condición mental, física y espiritual formaban un núcleo; además de esto se le concebía como un ser engranado en un medio terrestre cercano y lejano, que afectaba con sus acciones y pensamientos aquello con lo que compartía su vida, pero también que todo repercutía sobre él.
Ante esto, cabe señalar que se le percibía como un ser celestial en el sentido de que el cosmos le afectaba y que él resonaba con el entorno celeste. Sin embargo, luego de miles de años con esta visión, llegó una temporada en la que se empezaron a desarrollar otras teorías y el mundo y su vida fueron abordados con una óptica y unos parámetros muy diferentes a como se había hecho con anterioridad, lo que condujo a que se idearan nuevos conceptos, a que se revaluaran las teorías del pasado y a que las áreas del conocimiento que existían se fueran parcializando y especializando, generando brechas e insondables abismos con los conceptos avalados en el pasado, dando pie a que las áreas humanísticas cambiaran su visión, perdieran su globalidad y percibieran al ser humano como un ser fraccionado, olvidando que es un ser integral que puede ser visto desde diferentes ópticas, y que su unidad biológica sólo se desintegra con su muerte.
Llama la atención que al término del siglo XX y luego casi de 250 años de teorización, investigaciones y experimentaciones, se está llegando a las mismas conclusiones sobre la integralidad del ser humano, dando pie al surgimiento de análisis interdisciplinarios, lo que hace entrever que para abordarlo es imposible hacerlo con una sola rama del conocimiento como se percibe con la química, que refleja exclusivamente los procesos químicos del organismo; la física que estudia el movimiento de la sangre en el cuerpo; la mecánica que entre otras tiene presentes los procesos articulares; la medicina que da luces sobre el proceso funcional del organismo o de un sistema en particular y la astrología que plantea las implicaciones del medio estelar sobre los procesos químicos, la presión sanguínea o las destrezas en los movimientos corporales entre otras.
Esto significa que todas las ciencias o áreas del saber están empalmadas y cada una de ellas aporta, bajo su propia óptica, una información útil sobre un proceso o unas circunstancias vitales, que llevan a concluir que el saber humano en su conjunto es incluyente y que se nace con destrezas para abordar el mundo bajo una óptica específica o particular, pero también que se cuenta con la capacidad de concebir los absolutos o la totalidad, solo que es fácil polarizarse con uno u otro, ante lo cual no se puede pasar por alto que estas destrezas son producto de lo que él es, en el sentido que pese a que es un ser con órganos, miembros, sistemas etc., en su conjunto es totalidad y que lo que ocurre en una parte del cuerpo afecta su salud en general, por tanto una herida, por pequeña que esta sea, afecta la vida de la persona.
Por esto, aunque tiene secciones o partes, la totalidad prevalece, de allí que los análisis o valoraciones específicas siempre sean parciales y muy relativos, pero también los genéricos estarán expuestos a errores por el campo de acción que poseen, de allí lo difícil de abordar la realidad humana y el gran problema en que se encuentran las ciencias exactas, dado que al ser específicas son parciales y supremamente relativas, porque se pierden en la totalidad.
Ante estas circunstancias surge la Astrología como una opción no solo por aportar su óptica específica y puntual, sino muy especialmente por proporcionar su visión estelar y por ende omniabarcante o de conjunto sobre la realidad humana, detallando los procesos más íntimos de su cuerpo o de su vida por áreas.
Por esto, en la Antigüedad todas las ciencias eran abarcadas por la Magia, la Alquimia y la Astrología, de las cuales han salido las ya conocidas "ciencias oficiales" debido a que de la Magia salió la física, de la Alquimia la química, de la Astrología se derivaron la botánica, la psicología, la agrobiología, la Medicina, la Ética, etc., y como algo muy notorio cada día que pasa se especializan un poco más, lo que les va generando un alejamiento de la fuente, por esto como partes del conocimiento se parcializaron, se especializaron y perdieron la visión de la totalidad.
La Astrología mediante su simbolismo persiste a través de los tiempos, permanece imperturbable, ofreciendo a los buscadores de la verdad, las herramientas que le permitan elevar su nivel de entendimiento y por tanto de conciencia, hasta estadios que le harán ver la realidad humana bajo otro cristal. Ante estas circunstancias surge entre sus secciones la horoscopía, la cual es el punto de partida para abordar la realidad personal bajo dos dimensiones como son la predisponente y la desencadenante.
La primera permite conocer las predisposiciones con que una persona ha venido al mundo en lo relativo a su comportamiento, economía, afectividad, salud, profesión, familia, etc. La segunda, toma como premisa fundamental el que todo lo manifiesto tiene un tiempo de vida, un ritmo, y sus procesos se hallan supeditados a una cierta periodicidad. Por ello se afirma que lo que hace parte del universo, cuenta de manera intrínseca con diversos ciclos que son decisivos sobre los cambios y transformaciones que se hacen evidentes en la vida diaria.
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