Urano, el astro de la Nueva Era, abre todas las fronteras para que la comunicación se haga masiva y sea fácil informarse sobre lo que se desee.
La apertura de una nueva temporada humana, como es precisamente la era de acuario, plantea el surgimiento de nuevas reglas de juego en todos los escenarios, por tanto es imperioso indagar sobre ella, con el fin de saber a qué atenerse, y qué es precisamente aquello que ha de prevalecer durante estos próximos dos mil años.
Nos encontramos en una etapa de transición, entre dos grandes ciclos humanos como son la era de Piscis y la era de Acuario. Se aprecia una lucha entre conceptos, creencias, ideas, preceptos y verdades valoradas como absolutas, al igual que sobre las alternativas que existen para aprender y para transmitir los conocimientos e inclusive para conservar el saber, ya que no se puede pasar por alto, en este punto, que cuando la palabra escrita no existía, los sabios de su momento se valieron del lenguaje simbólico, y posteriormente de la tradición oral, para preservar el saber atesorado por la humanidad desde siempre, lo que hace entrever, el poder que tienen las imágenes, y la palabra hablada.
Lo cierto es que en esta nueva era de Acuario, Urano, el astro que simboliza las nuevas tecnologías y los grandes adelantos en esas áreas, nos permite al hacer clic con el ratón de la computadora, acceder al saber ancestral y a todos los conocimientos o verdades que en el día a día se logran develar, al igual que a las grandes conclusiones de los hombres y mujeres que desde siempre han avanzado por el sendero del conocimiento, con el fin de descubrir o de perfeccionar algunas teorías o conceptos.
Es necesario diferenciar muy claramente el poder de la información al igual que el abanico de posibilidades que ofrece, lo que exige estar alerta con el fin de orientar la comunicación hacia donde se considera procedente, y entender, que en este proceso existe un emisor y un receptor, sólo que este último, usualmente es pasivo y recibe abiertamente lo que quieren transmitirle, de allí que cada persona cuenta con la responsabilidad de saber elegir cuál es el mensaje que desea para su vida y cuál es la información de la que quiere nutrirse, orientando su abanico de posibilidades en una dirección certera o perdiéndose en el infinito de posibilidades que ante sí surgen.
No se sabe en qué momento exacto del proceso histórico humano, se produjo un cambio estructural en todo lo que tiene que ver con el manejo de la comunicación, ya que ancestralmente, el propósito de la comunicación era la transmisión de un saber y por ende, el cambio interior y espiritual de la persona que recibía ese conocimiento. Contra lo que ocurre en la actualidad en que se ha promovido el surgimiento del frenesí de la información y de las noticias, lo que ha dado pie a que todo el mundo esté ansioso de saber, de enterarse y de conocer todo lo que pasa y como es normal, los que informan no enseñan, no aportan y no son fuente de cambio en la vida de nadie, por esa razón, se aprecia la existencia de un vacío en los dos polos que definen la comunicación como es el transmisor y el receptor.
Dados los atributos propios de esta larga era, es posible que la humanidad en su conjunto se quede en el acontecer cotidiano y en la infinidad de noticias que pululan por los medios; y que la vida de cada cual sea hueca y vacía sin un verdadero propósito, ya que es muy fácil entrar en la onda de la información unidireccional. Por esto, hay que concluir que es imposible enterarse de todo lo que pasa en cada instante y que todos los acontecimientos tanto locales como mundiales escapan a la posibilidad de conocerlos, y que ni siquiera un grupo de personas sería suficiente para saber todo lo que ocurre en el mundo y en el universo día tras día; quizás lo que valdría la pena sería revisar la vida de quienes dedicaron cada uno de los días de sus vidas para saber lo que pasó, y darse cuenta, que realmente nunca supieron nada y lo más probable es que sus vidas no hayan cambiado con excepción del dinero que posiblemente hayan ganado por esto.
Hay que concluir que nadie esta actualizado con todos los acontecimientos nacionales, mundiales y universales. Por esto, es necesario detenerse con el fin de precisar qué es aquello sobre lo que queremos informarnos y cuál es el propósito que poseemos en la vida, porque lo más probable es que nos quedemos en laberintos insólitos de verdades ciertas o a medias y de acontecimientos bien o mal relatados, lo que puede dar pie a que el ser humano se pierda y olvide su único propósito como es el de lograr su realización espiritual y su crecimiento como persona.